Blog

Julio 2013

julio

Calendario y Lectura Bíblica para el mes de julio:

***

Himno del Mes: Nueva Vida 

(hace un click aquí para escuchar)

Tú me cambiaste, Señor,

Al dar nueva vida a mi ser,

Pues salvaste a un pecador, 

Con tan sólo a mi corazón querer.

Pues salvaste a un pecador,

Con tan sólo a mi córazon querer.

¡Qué emoción de vivir!

¡Qué dicha de amar!

¡Qué anhelos de reír!

¡Qué gozo al cantar!

De Escudos de Oro a Escudos de Bronce

ESCUDOS2 Crónicas 9:31-10:16

31 Y durmió Salomón con sus padres, y lo sepultaron en la ciudad de David su padre; y reinó en su lugar Roboam su hijo.

10  Roboam fue a Siquem, porque en Siquem se había reunido todo Israel para hacerlo rey.

2 Y cuando lo oyó Jeroboam hijo de Nabat, el cual estaba en Egipto, adonde había huido a causa del rey Salomón, volvió de Egipto.

3 Y enviaron y le llamaron. Vino, pues, Jeroboam, y todo Israel, y hablaron a Roboam, diciendo:

4 Tu padre agravó nuestro yugo; ahora alivia algo de la dura servidumbre y del pesado yugo con que tu padre nos apremió, y te serviremos.

5 Y él les dijo: Volved a mí de aquí a tres días. Y el pueblo se fue.

6 Entonces el rey Roboam tomó consejo con los ancianos que habían estado delante de Salomón su padre cuando vivía, y les dijo: ¿Cómo aconsejáis vosotros que responda a este pueblo?

7 Y ellos le contestaron diciendo: Si te condujeres humanamente con este pueblo, y les agradares, y les hablares buenas palabras, ellos te servirán siempre.

8 Mas él, dejando el consejo que le dieron los ancianos, tomó consejo con los jóvenes que se habían criado con él, y que estaban a su servicio.

9 Y les dijo: ¿Qué aconsejáis vosotros que respondamos a este pueblo, que me ha hablado, diciendo: Alivia algo del yugo que tu padre puso sobre nosotros?

10 Entonces los jóvenes que se habían criado con él, le contestaron: Así dirás al pueblo que te ha hablado diciendo: Tu padre agravó nuestro yugo, mas tú disminuye nuestra carga. Así les dirás: Mi dedo más pequeño es más grueso que los lomos de mi padre.

11 Así que, si mi padre os cargó de yugo pesado, yo añadiré a vuestro yugo; mi padre os castigó con azotes, y yo con escorpiones.

12 Vino, pues, Jeroboam con todo el pueblo a Roboam al tercer día, según el rey les había mandado diciendo: Volved a mí de aquí a tres días.

13 Y el rey les respondió ásperamente; pues dejó el rey Roboam el consejo de los ancianos,

14 y les habló conforme al consejo de los jóvenes, diciendo: Mi padre hizo pesado vuestro yugo, pero yo añadiré a vuestro yugo; mi padre os castigó con azotes, mas yo con escorpiones.

15 Y no escuchó el rey al pueblo; porque la causa era de Dios, para que Jehová cumpliera la palabra que había hablado por Ahías silonita a Jeroboam hijo de Nabat.

16 Y viendo todo Israel que el rey no les había oído, respondió el pueblo al rey, diciendo: ¿Qué parte tenemos nosotros con David? No tenemos herencia en el hijo de Isaí. !!Israel, cada uno a sus tiendas!!!David, mira ahora por tu casa! Así se fue todo Israel a sus tiendas.

Predica de Pastor Travis Smith, 30 de junio, 2013

[youtube http://youtu.be/lguW1jJp6sg]

escudo1

Los Tres Pecados del Rey Roboam

  1. El orgullo llevó al fracaso espiritual de Roboam (2 Crón. 10:1-15).
  2. La concupiscencia llevó al fracaso moral de Roboam (2 Cron. 11:21, 23).
  3. La hipocresía [insinceridad; satisfacción con apariciones] llevó al fracaso de liderazgo de Roboam [como rey y jefe militar] (2 Crónicas 12:2-8).

Roboam fue satisfecho con una falsificación [imitación barata] de la gloria y las bendiciones de Dios (2 Crón. 12:9-10).

Los escudos de bronce no eran más que el estaño y el cobre!

Tres principios para ser un cristiano auténtico:

  1. Buscar y escuchar el consejo de los piadosos, los hombres y mujeres de mentalidad espiritual.

    «… En la multitud de consejeros hay seguridad» (Proverbios 24:6)

  2. No tengas amigos o buscar el consejo de los hombres o mujeres enojadas o necios.

    Proverbios 22:24-25 – «No te entremetas con el iracundo, Ni te acompañes con el hombre de enojos, No sea que aprendas sus maneras, Y tomes lazo para tu alma.»

  3. Entregar a su corazón a Dios y buscar Su voluntad para su vida.

    Romanos 12:1-2 – «Así que, hermanos, os ruego por las misericordias de Dios, que presentéis vuestros cuerpos en sacrificio vivo, santo, agradable a Dios, que es vuestro culto racional. No os conforméis a este siglo, sino transformaos por medio de la renovación de vuestro entendimiento, para que comprobéis cuál sea la buena voluntad de Dios, agradable y perfecta.»

     

Pecados Respetables: El Poder del Espíritu Santo

pecados respectables

En [la lección] anterior vimos que Dios eliminó la culpa de nuestros pecados por medio de la muerte de su Hijo. Él no nos perdonó porque sea blando con nosotros, sino porque su justicia ha sido satisfecha. El perdón absoluto de nuestros pecados es tan real y firme como la realidad histórica de la muerte de Cristo. Es importante entender esta maravillosa verdad del evangelio porque sólo podemos enfrentar nuestros pecados “respetables” cuando sabemos que ya han sido perdonados. En ocasiones nos encontramos luchando con alguna expresión particular de iniquidad y entonces nos preguntamos si el evangelio puede ayudarnos a contrarrestar el poder que esta ejerce en nuestras vidas.

Para responder a esta [duda] debemos entender que la limpieza del poder del pecado se realiza en dos etapas. La primera es cuando quedamos libres del dominio del pecado. Esto sucede de una vez y para siempre y es completa para todos los creyentes. La segunda es la libertad de la presencia y actividad del pecado, la cual es progresiva, continua y dura el resto de nuestra vida en esta tierra. Pablo nos ayuda a ver esa doble libertad en Romanos 6. En Romanos 6:2 Pablo dijo que estamos muertos al pecado y en el verso 8, que estamos muertos con Cristo. Es decir, a través de nuestra unión con Jesucristo en su muerte morimos a la culpabilidad del pecado, y no solo a eso sino también morimos al poder que reinaba en nuestra vida. Sin embargo, Pablo también nos insta en Romanos 6:12. ¿Cómo podría reinar el pecado si hemos muerto a él? Por decirlo de alguna manera, seguimos librando una guerra de guerrillas en nuestro corazón. Pablo describió esa lucha en Gálatas 5:17. Todos los días libramos esa batalla entre los deseos de la carne y los del Espíritu.

En ese punto de nuestra lucha podemos llegar a pensar: Está muy bien decir que el pecado ya no tiene dominio sobre mí, pero ¿qué de mi experiencia diaria con lo que aún queda en mí de la presencia y la actividad del pecado? ¿Será posible que el evangelio también me limpie de eso? ¿Puedo esperar algún progreso en mi vida al hacer morir los pecados sutiles con los que lucho?  La respuesta de Pablo a esta cuestión tan vital se encuentra en Gálatas 5:16. Andar en el Espíritu significa vivir bajo la influencia y el control del Espíritu, en dependencia estrecha de Él. Pablo dice que si hacemos esto no satisfaremos los deseos de la carne. Hablando en términos prácticos, vivimos bajo la influencia y el control del Espíritu cuando continuamente exponemos nuestra mente a su voluntad moral y buscamos obedecerla tal como está revelada en las Escrituras. Y ¿qué otra actividad? ____________________

Hay un principio fundamental de la vida cristiana que yo he denominado el principio de la responsabilidad dependiente. Es decir, somos responsables ante Dios de obedecer su Palabra y de hacer morir los pecados de nuestra vida. Al mismo tiempo, nosotros no tenemos la capacidad de llevar a cabo esa responsabilidad. Cuando andamos en el Espíritu, vemos que Él obra en y a través de nosotros para limpiarnos de los vestigios del poder del pecado que tenemos. Nunca lograremos la perfección en esta vida, pero sí podemos ver algún progreso. Si con toda sinceridad queremos enfrentar y corregir los pecados sutiles de nuestra vida, podemos estar seguros de que el Espíritu Santo está actuando en y a través de nosotros para lograrlo Filipenses 1:6. La verdad es que los tres miembros de la divina Trinidad están involucrados en nuestra transformación espiritual, pero son el Padre y el Hijo quienes obran a través del Espíritu Santo que mora en nosotros I Corintios 6:19. No es necesario creer de manera activa en esa gran verdad acerca del Espíritu Santo. Lo que sí necesitamos creer es que cuando estamos procurando resolver nuestros pecados sutiles, no estamos solos.

Una de las formas en que esa divina persona obra en nosotros es produciendo convicción del pecado. Es decir, Él hace que comencemos a aceptar que nuestro egoísmo, impaciencia o actitud de crítica en realidad son pecados II Timoteo 3:16. Otra manera en que el Espíritu Santo trabaja en nosotros es capacitándonos y dándonos la fuerza para confrontar nuestro pecado Romanos 8:13; Filipenses 2:12-13. Es decir, Él nos invita a trabajar confiando en que está obrando en nosotros. En Filipenses 4:13 leemos la declaración de Pablo. Por tanto, nunca debemos darnos por vencidos. Aunque parezca que no estamos mejorando, Él sigue actuando en nosotros. Una manera más en la que el Espíritu Santo produce nuestra transformación es permitiendo circunstancias en nuestra vida para hacernos crecer espiritualmente. Si somos propensos a estallar en ira pecaminosa, se nos presentarán circunstancias que nos harán enojar. Si nos sentimos ansiosos con facilidad, tendremos muchas oportunidades para enfrentar el pecado de la ansiedad. Dios no nos tienta para que pequemos (Sant. 1:13-14), sino que permite circunstancias en nuestra vida que nos dan la oportunidad de hacer morir algún pecado sutil en particular que se ha convertido en una característica de nuestra vida. Romanos 8:28 es un versículo que muchos usamos para animarnos en tiempos difíciles. El “bien” del v. 28 se refiere al v. 29 donde habla de que seamos conformados a la imagen del Hijo de Dios. Esto significa que el Espíritu Santo está obrando en nuestra vida a través de las circunstancias que nos rodean para hacernos más semejantes a Cristo.

Entonces, al estudiar la siguiente sección de este libro donde veremos con detalle los pecados aceptables, consuélese. Recuerde que Cristo ya pagó por la penalidad de nuestros pecados y ganó el perdón de ellos. Después, envió a su Espíritu Santo a residir en nosotros para capacitarnos y enfrentarlos. Asimismo, esté preparado para humillarse.

La Apropiación de Jesucristo (Juan 6:52-59)

Juan 6:52-59
52 Entonces los judíos contendían entre sí, diciendo: ¿Cómo puede éste darnos a comer su carne?

53 Jesús les dijo: De cierto, de cierto os digo: Si no coméis la carne del Hijo del Hombre, y bebéis su sangre, no tenéis vida en vosotros.

54 El que come mi carne y bebe mi sangre, tiene vida eterna; y yo le resucitaré en el día postrero.

55 Porque mi carne es verdadera comida, y mi sangre es verdadera bebida.

56 El que come mi carne y bebe mi sangre, en mí permanece, y yo en él.

57 Como me envió el Padre viviente, y yo vivo por el Padre, asimismo el que me come, él también vivirá por mí.

58 Este es el pan que descendió del cielo; no como vuestros padres comieron el maná, y murieron; el que come de este pan, vivirá eternamente.

59 Estas cosas dijo en la sinagoga, enseñando en Capernaum.

Predica de Pastor Jaime Greenwood, 23 de junio, 2013

[youtube  http://youtu.be/UhsbkB39Ju4]

Jesus

I. Palabras difíciles de entender. V. 52

A. Las palabras de Jesús producían contiendas.  Hasta el día de hoy, este pasaje es interpretado de una variedad de maneras. Pero debemos concluir que el sentido pleno de estas palabras es hay que creer en Jesucristo. Pero los judíos ahora no murmuran entre sí, sino están en pleno conflicto el uno con el otro sobre el significado de estas palabras.

B. Las palabras no se suelen explicar cómo llevarse a la práctica.  La contienda es cómo será entregado el cuerpo de Cristo para que su carne sea un alimento para lograr tener vida eterna.

II. La necesidad de alimentarse de Cristo. Vs. 53-55  

A. Todos deben llevar a Cristo en lo más profundo de su ser. V. 53  Aquí hay una alusión al sacrificio de Jesús en la cruz del Calvario. Jesús dice que la parte de su cuerpo que es pan que hay que comer es su carne y agrega que su sangre es alimento espiritual también. Los judíos tenían prohibido comer carne con sangre Gen. 9:4 (Morris, Leon El Evangelio Según Juan Vol. I, p. 428). El tiempo de los verbos comer y beber son aoristos o tiempo pasado y refleja claramente que es una acción que ocurre una sola vez pero absolutamente necesaria para alcanzar la vida eterna y entrar en unión con Cristo.

Si no comemos y bebemos esta comida espiritual estamos tan muertos como los que no alimentan sus cuerpos físicos.

B.  Todos deben recibir a Cristo con gusto. V. 54  La palabra traducida comer aquí es diferente y contiene el significado de “masticar” o “crujir”. La idea es de comer con gusto, una verdadera degustación. Tenemos aquí un reto de comer de verdad. Cuando uno recibe a Cristo de esta manera tan plena le es dado vida eterna. El seguro de la vida eterna es que participará en la resurrección en el día final. Después de tantas referencias al día final llegamos a la conclusión que nuestra vida será algo supremamente gozosa en aquel entonces.

C. Todo lo que necesitamos se encuentra en Jesucristo. V. 55  A diferencia de la comida que nos puede alimentar por un cierto periodo, la comida que es ofrecida en la persona de Jesucristo da sustento verdadero. “Él es el único en quien podemos hallar” las necesidades profundas de nuestro ser (Morris, p. 430). No podemos tener vida eterna si no la hallamos en la persona de Jesucristo. No debemos buscar lo que Cristo nos ofrece en ningún otro lugar.

III. Los beneficios de alimentarse de Cristo. Vs. 56-59

A. Tenemos una relación de permanencia. V. 56  Una relación íntima con otra persona no es casual. Requiere una inversión importante de tiempo y comunicación de deseos y expresiones de amor. Cristo indica que desea tener una relación íntima con todos los que están dispuestos a alimentarse de Él, tanto que dice que permanecerá en esta relación con el Señor. No es algo que se recibe y puede olvidarse, sino es algo que cambia radicalmente nuestra forma de ser y vivir.

B. Viviremos para Cristo. V. 57  Mientras que la vida de Jesucristo mismo depende de la Padre (Juan 5:26), y el Hijo vive para el Padre (Juan 4:34) nosotros tenemos que dejar que Cristo entre en nosotros para entregarnos vida del Padre que vive. “Esa persona vivirá única y exclusivamente para Cristo; ese será el sentido de su vida” (Morris, p. 431). La dependencia que tenemos de alimentar a nuestros cuerpos varias veces en el día es una ilustración de la necesidad de alimentar nuestra vida espiritual con Cristo continuamente (es el sentido del tiempo verbal). Comer la carne y beber la sangre es una acción que ocurre una sola vez pero hay necesidad de alimentarnos continuamente.

C. Recibimos la promesa de vida eterna. V. 58-59  Jesús vuelve a hacer recordar a su audiencia que su petición de recibir maná del cielo solo puede aliviar su hambre mientras alimentarse de la persona de Jesucristo produce vida eterna. Es cierto que la mayoría de las personas pasarán por la puerta de la muerte, pero después les espera la vida eterna en plena comunión con Dios. Juan nos hace entender que esta es una verdadera enseñanza de Jesús porque nos hace entender que es parte de un discurso dado en la sinagoga de Capernaum cosa que significa que estaba expuesta a ser comparada a la Ley de Dios en aquel lugar.

Pecados Respetables: El Remedio Para el Pecado

pecados respectables

John Newton escribió un hermoso himno llamado, “Sublime Gracia.”  No obstante, en su juventud fue un comerciante de esclavos y capitán de una nave que los transportaba desde África hacia los Estados Unidos de América.  Por cuestiones de salud, renunció a la vida en alta mar y se hizo oficial de aduanas. Estudió teología y después se convirtió en ministro.  Pero aún siendo pastor, Newton nunca pudo olvidar la terrible naturaleza de su maldad cuando comerciaba con esclavos.  Al final de su vida compartió con un amigo:

“Estoy perdiendo la memoria, pero sí recuerdo dos cosas:

soy un gran pecador y

Cristo es un gran Salvador.”

Siglos antes, Saulo de Tarso se convirtió en el gran Apóstol Pablo pero también sentía culpable por haber cometido graves pecados.  Hechos 7:54-8:1 describe su complicidad en la lapidación de Esteban. Hacia el final de su vida, Pablo escribió que en su vida había sido “blasfemo, perseguidor e insolente” (I Tim. 1:13). Pero en este mismo contexto dijo I Timoteo 1:15.  John Newton y el Apóstol Pablo se percibían como grandes pecadores, pero con un grandioso Salvador.  La mayoría de los creyentes no podemos identificarnos con ninguno de ellos en cuanto a la gravedad de nuestros pecados pasados porque tal vez nunca hemos cometido adulterio, asesinado, traficado de drogas o estafado a la empresa donde trabajamos. Sin embargo, aunque no he cometido pecados grandes y escandalosos, sí he participado de chismes, he criticado a los demás, he albergado resentimientos, he sido impaciente y egoísta, he desconfiado en Dios en situaciones difíciles, he sucumbido al materialismo y aun he permitido que mi equipo favorito de fútbol se convierta en un ídolo para mí. Tengo que estar de acuerdo con Pablo en que soy el primero de los pecadores. O para parafrasear las palabras de John Newton: “Soy un gran pecador, pero tengo un gran Salvador”.

Tanto Pablo como Newton se describieron a sí mismos como pecadores, en el tiempo verbal presente. Ninguno de ellos dijo fui; más bien dijeron que soy. Podemos estar seguros de que desde que se convirtieron hasta que murieron, el carácter de Newton y Pablo se fue haciendo semejante al de Cristo. Pero el proceso de crecimiento involucraba ser cada vez más conscientes y sensibles a las expresiones pecaminosas de la carne que todavía influían en ellos. Por eso John Newton pudo decir: “Fui y todavía sigo siendo un gran pecador, pero tengo un grandioso Salvador”. Y cuando empecemos a confrontar nuestros pecados aceptables, podremos decir lo mismo.

El remedio de nuestro pecado, ya sea éste escandaloso o aceptable, es el evangelio en su aspecto más amplio. El evangelio es un mensaje; estoy usando la palabra evangelio para definir la obra completa de Cristo durante su vida, muerte y resurrección a favor nuestro y su obra actual en nosotros a través de su Espíritu Santo. Cuando hablo del evangelio en su aspecto más amplio, me refiero al hecho de que el Señor, en su obra a favor nuestro y en nosotros, nos salva del castigo del pecado, pero también de su dominio y poder reinante en nuestra vida. A partir del capítulo 7 trataremos específicamente los pecados respetables en nuestra vida. Pero antes de hacerlo, tenemos que examinar bien e evangelio. Esto es necesario porque:

En primer lugar, el evangelio solo es para pecadores (I Tim. 1:15). Pero la mayoría de los creyentes tienden a pensar que el evangelio es para los incrédulos, para los que necesitan ser “salvos”. Sin embargo, aunque somos verdaderos santos en el sentido de haber sido separados para Dios, todavía somos practicantes del pecado. Así que el primer uso del evangelio como remedio para nuestros pecados es labrar el terreno de nuestros corazones para que podamos ver nuestra iniquidad. Si estamos dispuestos a aceptar cada día nuestra condición de pecadores necesitados del evangelio, nuestro corazón que consideramos muy justo queda desprotegido y nos preparamos para enfrentar y aceptar la realidad de la impiedad que todavía reside en nosotros.

En segundo lugar, el evangelio so sólo nos prepara para enfrentar nuestro pecado; también nos libera para hacerlo. Generalmente, el hecho de reconocer nuestras iniquidades nos hace sentir culpables. Por supuesto, nos sentimos culpables porque lo somos. Nuestro instinto es tratamos de minimizarlo. Pero no es posible pretender resolver alguna manifestación particular de maldad, como la ira, hasta que reconozcamos abiertamente su presencia e influencia en nuestra vida. Así que necesitamos tener la seguridad de que nuestro pecado ha sido perdonado para comenzar a enfrentarlo y, claro, corregirlo después.  Necesitamos tener la seguridad de que ese [pecado] ha sido perdonado; es decir, que Dios ya no lo toma en cuenta. El evangelio nos provea esa seguridad (Romanos 4:7-8).  ¿Por qué Dios no nos inculpa de nuestro pecado? Porque es una deuda que Él ya puso sobre Cristo (Isaías 53:6). En la medida en que entendamos en lo profundo de nuestro ser esta gloriosa verdad del perdón divino de nuestros pecados a través de Cristo, quedaremos libres para enfrentar honesta y humildemente las manifestaciones particulares del pecado en nuestra vida. Por eso es útil afirmar cada día lo que Newton decía: “Soy un gran pecador, pero tengo un gran Salvador”.

En tercer lugar el evangelio nos motiva y da energía para enfrentar nuestro pecado. No es suficiente aceptarlo con honestidad. Para usar una frase de las Escrituras, significa que debemos hacerlo morir (Rom. 8:13; Col. 3:5). No podemos comenzar a enfrentar la actividad del pecado en nuestra vida hasta que hayamos lidiado con la culpabilidad que resulta de este. La seguridad de que Dios ya no nos inculpa de nuestros pecados produce dos cosas. Primero, nos asegura que Él está por nosotros y no contra nosotros (Rom. 8:31). Dios no nos está mirando desde su trono celestial diciendo “¿Cuándo  vas a cambiar? ¿Cuándo comenzarás a erradicar ese pecado?” Más bien, Él viene a nuestro lado diciendo: Vamos a enfrentar este pecado, pero mientras tanto quiero que sepas que no te inculpo por él.” Dios ya no es nuestro Juez; ahora es nuestro Padre celestial, quien nos ama con un amor infinito. Y aún más, la seguridad de que Dios ya no nos inculpa de pecado y que Él está con nosotros en nuestra lucha contra este, nos produce una mayor gratitud por lo que ya ha hecho y está haciendo a favor nuestro a través de Jesucristo.

Entonces, esta es la primera parte de las buenas nuevas del evangelio.

Satisfacer Su Hambre (Juan 6:41-51)

pan de vidaJuan 6:41-51
41 Murmuraban entonces de él los judíos, porque había dicho: Yo soy el pan que descendió del cielo.

42 Y decían: ¿No es éste Jesús, el hijo de José, cuyo padre y madre nosotros conocemos? ¿Cómo, pues, dice éste: Del cielo he descendido?

43 Jesús respondió y les dijo: No murmuréis entre vosotros.

44 Ninguno puede venir a mí, si el Padre que me envió no le trajere; y yo le resucitaré en el día postrero.

45 Escrito está en los profetas: Y serán todos enseñados por Dios. Así que, todo aquel que oyó al Padre, y aprendió de él, viene a mí.

46 No que alguno haya visto al Padre, sino aquel que vino de Dios; éste ha visto al Padre.

47 De cierto, de cierto os digo: El que cree en mí, tiene vida eterna.

48 Yo soy el pan de vida.

49 Vuestros padres comieron el maná en el desierto, y murieron.

50 Este es el pan que desciende del cielo, para que el que de él come, no muera.

51 Yo soy el pan vivo que descendió del cielo; si alguno comiere de este pan, vivirá para siempre; y el pan que yo daré es mi carne, la cual yo daré por la vida del mundo.

Predica de Pastor Jaime Greenwood, 16 de junio, 2013

[youtube http://youtu.be/rM1KQY4wSQQ]

hitler jóvenesDurante la segunda guerra mundial los alemanes obligaron a muchos chicos de 12 y 13 años a participar en el Gestapo Juvenil. Estos chicos fueron tratados sin amor y tuvieron que cumplir con tareas inhumanas. Cuando al final la guerra terminó, la mayoría de estos chicos se había perdido contacto con sus familias y vagaban sin comida y refugio. Como parte de una campaña de ayuda en la Alemania pos-guerra, muchos de estos jóvenes fueron trasladados a vivir en ciudades de carpas. En ellas, los médicos y los psicólogos trabajaron con los jóvenes para intentar restaurar tanto su salud mental como física.

Se dio a conocer que muchos de los muchachos se despertaron durante la noche gritando con terror. A uno de los médicos le ocurrió una idea para tratar con el temor. Después de la cena cada noche, le daba en mano a cada chico un pedazo de pan para llevar consigo a la cama y fue instruido de guardarlo hasta la siguiente mañana. Los jóvenes pudieron entonces dormir tranquillos porque después de tantos años de hambre, por fin tuvieron la seguridad de que iban a poder comer el próximo día.

Si vos tenés a Jesucristo como tu Salvador tenés en tus manos el Pan de Vida y por lo tanto tenés la seguridad de que no dejarás esta vida con terror y miedo.

I. La queja: Nadie quiso reconocer que Jesús es el Hijo de Dios Vs. 41-42

Las palabras que Jesús pronunciaba no fueron los que la gente quería oír.

A. Los religiosos se rebelan contra las enseñanzas de Jesús. V. 41  En vez de debatir las enseñanzas de Jesús, los religiosos sembraron dudas en los corazones de los oyentes. No oponían y contradecían abiertamente lo que dijo Jesús, sin embargo susurraron entre si su desaprobación. Nos hace recordar de las innumerable veces que los Israelitas murmuraban contra Moisés y Dios en el desierto (Num. 14:27).

Muchas personas no contradicen abiertamente las enseñanzas de la Palabra de Dios instruidas en la iglesia pero en sus corazones dicen que no les gusta. En privado, cuestionan las instrucciones de la Biblia y su aplicación en su vida personal. Al decir que es imprescindible disciplinar al hijo algunos dicen pero esto no es para mí hijo que es un caso especial. Cuando la enseñanza es amar a otros más que uno mismo la conclusión es que mi vida era dura entonces merezco la autocompasión. Al decir que es absolutamente necesario el amar a Dios con todo su ser y que todo lo que a uno tiene le pertenece a Dios algunos concluyen que la iglesia está motivada por el lucro entonces estas enseñanzas no se aplican.

Cuando el creyente rehúsa implementar las enseñanzas de Dios en su diario vivir es igual a la murmuración de los religiosos.

B. La gente rechaza la naturaleza divina de Jesús. V. 42  Nadie cuestiona la teología de Jesús porque ni siquiera está dispuesto a aceptar su divina procedencia. Mientras en reiteradas veces Jesús relata que ha descendido de lo alto, el argumento en contra es que él es simplemente otro conciudadano galileo. Por haber conocido a toda la familia terrenal de Jesús nadie está dispuesta a otorgarle divinidad aún después de haber visto las señales (Marcos 6:3) La gente apuntaba a su genealogía terrenal para descreditar a sus afirmaciones de divinidad.

Jesús no es meramente carne y sangre sino es Dios encarnado. Es absolutamente necesario reconocer este dato para poder creer en Su poder para salvarnos en el día postrero.

II. La reacción: Jesús reprende con la Palabra. Vs. 43-46  

A. Jesús los manda a dejar de murmurar. V. 43  La primera cosa que Jesús hace es confrontar el pecado de falta de fe entre ellos. En cierta manera su contestación es apuntar al problema más grande en la historia del pueblo de Israel. La murmuración representa lo que ocurre en sus corazones. No pueden confiar en lo que Dios les dice, no a través de Moisés ni a través de Jesucristo.

La falta de fe en tu vida puede producir un cinismo y cuestionamiento de la credibilidad de Dios. La forma más directa y bíblica para tratar con este pecado es reprenderlo. Dejá de pensar así y compartir tu falta de fe con otros, infectando como una virus a los en tu alrededor. Es el ejemplo bíblico para seguir cuando la falta de fe se manifiesta en la vida de cualquiera persona.

B. Jesús afirma su poder y autoridad divino. V. 44  Jesús afirma nuevamente que Su verdadero Padre, Dios Todopoderoso, es responsable de conceder el deseo de venir a Jesús. Todos los que vienen en fe a Jesucristo recibirán una confirmación de Su poder cuando sean resucitados en el día postrero (1 Tes. 4:15-17)

C. Jesús enseña que venir a Él en fe es aceptarlo como príncipe y Salvador. V. 45  Cita a Isaías 54:13 para mostrar que todos tienen la oportunidad de escuchar la enseñanza y ejercitar fe en Jesús, acercándose a Él. Pero no todos están dispuestos a recibir la enseñanza.  Está ya establecido que todos los que le recibieron vendrá a ser hechos hijos de Dios (Juan 1:12).

D. Jesús es intermediado entre el  Padre y el hombre. V. 46  Nadie ha visto a Dios (Juan 5:37). Pero el que procede del Padre lo ha visto y cumple su voluntad en la tierra. Si uno está dispuesto a creer en su procedencia celestial puede venir a Jesús.

III. La satisfacción: Creer en Jesús. Vs. 47-51  

A. La vida eterna se consigue en la persona de Jesús. Vs. 47-48  Jesús aclara que él es el pan que da vida y que creer en el produce vida eterna. A diferencia de un pan que sostiene a la vida unas horas más, Su vida es un ofrecimiento que perdure eternalmente.

B. La alimentación del cuerpo es trivial. V. 49  Mientras ellos buscaban llenar sus panzas otra vez, Jesús les mostraba que la alimentación del cuerpo, aún cuando cae del cielo, resulta en la muerte (1 Cor. 10:1-5).

C. El verdadero pan del cielo produce vida. Vs. 50-51  Mientras el maná cayó del cielo, no pudo producir vida por más que unas horas. El verdadero pan del cielo es Jesucristo que da vida eterna. Esta vida se ve claramente en su persona y en su cuerpo dado por todo el mundo.

Pecados Respetables: La Malignidad del Pecado

pecados respectables

¡Cáncer! Es una palabra aterradora que provoca una sensación de desmayo y, en muchas ocasiones, desesperanza. Otro término para describir el cáncer es malignidad.  En el ámbito médico esa palabra describe un tumor que tiene un extraordinario potencial para crecer y se expande invadiendo los tejidos contiguos. Sistemáticamente provoca metástasis en otros lados del cuerpo. Si se le deja sin atender, la malignidad tiende a infiltrarse y extenderse por todo el cuerpo. Finalmente, provoca la muerte. No nos sorprende entonces que el cáncer y la malignidad sean palabras tan temibles.

El pecado es una malignidad espiritual y moral. Si se la deja sin control, puede diseminarse por todo nuestro interior y contaminar todas las áreas de nuestra vida. Y lo que es peor, con toda seguridad provocará una “metástasis” a partir de nosotros y se extenderá hacia los creyentes que nos rodean. Nadie vive en una isla espiritual o social. Nuestras actitudes, palabras, acciones y hasta nuestros pensamientos más íntimos, afectan a nuestro prójimo.

Nuestra manera de hablar, sea acerca de otros o con ellos, destruye o edifica a los demás (Efesios 4:29). Nuestras palabras pueden corromper la mente de los oyentes o pueden impartirles gracia. Ese es el poder de nuestro hablar. Sin embargo, el pecado es mucho más que un hecho… es un principio o fuerza moral que se anida en nuestro corazón y ser interior. El Apóstol Pablo llama a este principio la carne (o naturaleza pecaminosa). Pablo habla de ella como si se tratara de una persona (Romanos 7:8-11; Gálatas 5:17).

La siguiente es una verdad que necesitamos entender muy bien:

Aunque nuestros corazones han sido renovados y hemos sido liberados del dominio absoluto del pecado, y aunque el Espíritu de Dios mora dentro de nuestro cuerpo, el principio del pecado todavía nos acecha por dentro y libra una guerra contra nuestra alma.

Si no reconocemos esa realidad desastrosa, estamos abonando una tierra fértil donde crecerán y florecerán nuestros pecados “respetables” o “aceptables.” Los que somos creyentes tendemos a evaluar nuestro carácter y conducta con base en el comportamiento moral de la cultura en que vivimos. Puesto que por lo general vivimos bajo una norma moral más alta que la de la sociedad, es muy fácil sentirnos bien con nosotros mismos y asumir que Dios siente exactamente lo mismo. Nos resistimos a reconocer la realidad de que el pecado todavía mora en nosotros.

El cáncer es una buena analogía para entender la manera en que opera el pecado en nuestra vida, especialmente cuando nos referimos al que aceptamos y consentimos. El pecado aceptable es sutil en el sentido de que nos engaña al pensar que no es tan malo o haciéndonos creer que no es pecado. Piense en los pecados que consentimos como impaciencia, orgullo, resentimiento, frustración y auto-conmiseración. ¿Le parecen odiosos y perniciosos? Tan peligroso es tolerar esos pecados en nuestra vida espiritual como ignorar el cáncer que ha invadido nuestro cuerpo.

Hasta ahora hemos visto al pecado desde el punto de vista de cómo nos afecta. Vimos su tendencia maligna en nuestra vida y en la de nuestro prójimo. Sin embargo, el tema más importante es cómo nuestro pecado afecta a Dios. Alguien ha descrito al pecado como una traición cósmica. Si esto parece una exageración, considere un momento lo que significa la palabra transgresión en la Biblia, en especial en Levítico 16:21. Su significado es rebelión contra la autoridad, en este caso, la del Señor. Así que cuando digo un chisme, me estoy rebelando contra Dios. Cuando albergo resentimiento contra alguien en vez de perdonar en mi corazón, estoy en franca rebelión contra él.

En Isaías 6:1-8 el profeta tuvo una visión acerca de Dios en su grandiosa majestad. La triple repetición de la palabra santo (v. 3) se dice que Dios es infinitamente santo. Cuando se usa para describir a Dios, el término santo habla de su majestad infinita y transcendente. Describe su soberanía para reinar sobre toda la creación. Por lo tanto, cuando pecamos, es decir, cuando violamos la ley divina en cualquier forma, ya sea que la consideremos leve o no, nos rebelamos contra su soberana autoridad y su transcendente majestad. Para decirlo en pocas palabras, nuestro pecado es un atentado contra el reino majestuoso y soberano de Dios.

Observe el uso de la palabra menospreciar en los versículos 2 de Samuel 12:9-10. Podemos ver entonces que el pecado es menosprecio de la ley divina. Pero también entendemos que menospreciar la ley del Señor significa despreciarlo a Él. Por tanto, cuando nos permitimos cometer cualquiera de los así llamados pecados aceptables, no solamente damos evidencia de rechazar la ley divina, sino que al mismo tiempo menospreciamos al Señor. Dios conoce nuestros pensamientos (Salmo 139:1-4). Esto significa que toda nuestra rebelión, el menosprecio de Dios y su ley, la tristeza que provocamos al Espíritu Santo, la presunción de su gracia y todos nuestros pecados, se llevan a cabo ante la presencia de Dios. El Señor perdona nuestro pecado porque Cristo derramó su sangre por él, pero no lo tolera. Más bien, cada transgresión que cometemos, aun el pecado sutil en el que ni pensamos, fue puesto sobre Cristo al llevar en sí la maldición de Dios en nuestro lugar. Por sobre todas las cosas, en esto es en lo que radica la malignidad del pecado. Cristo tuvo que sufrir por causa de él.

El Pan de Vida (Juan 6:30-40)

ver.cristopandevidajuan6.35Juan 6:30-40
30 Le dijeron entonces: ¿Qué señal, pues, haces tú, para que veamos, y te creamos? ¿Qué obra haces?

31 Nuestros padres comieron el maná en el desierto, como está escrito: Pan del cielo les dio a comer.

32 Y Jesús les dijo: De cierto, de cierto os digo: No os dio Moisés el pan del cielo, mas mi Padre os da el verdadero pan del cielo.

33 Porque el pan de Dios es aquel que descendió del cielo y da vida al mundo.

34 Le dijeron: Señor, danos siempre este pan.

35 Jesús les dijo: Yo soy el pan de vida; el que a mí viene, nunca tendrá hambre; y el que en mí cree, no tendrá sed jamás.

36 Mas os he dicho, que aunque me habéis visto, no creéis.

37 Todo lo que el Padre me da, vendrá a mí; y al que a mí viene, no le echo fuera.

38 Porque he descendido del cielo, no para hacer mi voluntad, sino la voluntad del que me envió.

39 Y esta es la voluntad del Padre, el que me envió: Que de todo lo que me diere, no pierda yo nada, sino que lo resucite en el día postrero.

40 Y esta es la voluntad del que me ha enviado: Que todo aquél que ve al Hijo, y cree en él, tenga vida eterna; y yo le resucitaré en el día postrero.

Predica de Pastor Jaime Greenwood, 9 de junio, 2013

[youtube https://www.youtube.com/watch?v=HDY73JKGuI4&feature=youtu.be]

I. El verdadero pan del cielo. Vs. 30-32

Es interesante que mucha gente busque una alimentación espiritual que sea fácil de ingerir.

A. La multitud pide una señal del cielo. V.30  Habiendo pasado por alto todas las señales hechas V.26, llegaron a la conclusión de que el orden divino es ver y creer cuando en realidad es creer y ver (Juan 11:40). Mucha gente no cree en Jesús y su excusa es que quiera que Dios haga algo para probar su existencia.  Al formar largas listas de cosas que Dios tiene que hacer la gente pierde la vista de todo lo que ha hecho.

B. La multitud menospreció las señales de Jesús y magnificaba la persona de Moisés. V. 31  Ellos quisieron hacer comparación entre la señal de la alimentación de los 5.000 que Jesús realizó una vez y la alimentación de los 2.000.000 de israelitas cada día durante cuarenta años que ellos suponían que fue realizado por Moisés. El pan que Jesús es ofrecía era pan común mientras el pan que Moisés hizo caer era pan del cielo.

Ellos citan al Antiguo Testamento para respaldar su reclamo. Es importante reconocer que los judíos buscaban un Mesías que iba a realizar obras mayores que Moisés. Pero la enseñanza de muchos rabíes apuntaba a un Mesías que haría las mismas obras de Moisés solo en proporción mayor.

C. Jesús les ofrece el verdadero pan celestial. V.32  

1. Jesús rectifica su equivocación sobre la fuente del maná.  Mientras ellos interpretaron equivocadamente de que el maná era resultado de la obra de Moisés entre el pueblo judío, Jesús dice que no fuese así. Ellos leyeron Nehemías 9:14, 15 y solamente vieron la referencia a Moisés, mientras Éxodo 16:4 hace claro que Dios proveyó el pan diario. El resultado en el pueblo judío era lo expresado en  Salmo 78:22-25. La falta de fe en Israel se ve en cada área de la vida cotidiana.

2. Jesús se informa sobre el verdadero pan.  Jesús les hace entender que el pan del cielo de que ellos hacen mención cayó del cielo azul, mientras Él les ofrece el “verdadero pan del cielo” que quiere decir de los lugares celestiales. La metáfora se ve claramente enDeuteronomio 8:3.  El pan mundanal alimenta al cuerpo físico, mientras el verdadero pan celestial alimenta a la vida espiritual.

II. El pan de vida. Vs. 33-35  

A. El pan de Dios es una persona. V. 33  Es muy probable que la gente no capta el significado de la palabra aquí traducida “aquel” que hace referencia al hecho de que Jesús es la alimentación espiritual dado por Dios. Jesús hace manifiesto a todos de que lo que desciende de lo alto es espiritual y da vida al mundo. Mientras el maná alimentaba por un tiempo y después murieron todos los que lo habían comido, el pan de Dios da vida eterna.

B. El mundo busca una alimentación temporal. V. 34  No nos debe sorprender de que haya tanta confusión y rechazo en cuanto a la persona de Jesucristo. Al escuchar a Jesús decir que hay la posibilidad de obtener algo de Dios gratis, la multitud mostraba algún interés en obtenerlo y pida poder empezar a tenerlo para siempre.

Pero como la mujer samaritana en 4:15, ellos buscaban satisfacer sus necesidades temporales en vez de buscar satisfacer anhelo de su alma.

C. Jesús afirma ser la única satisfacción de la condición humana. V. 35  En este versículo, Jesús aclara que Él es la fuente que alimenta el ser espiritual. Que el pan de vida no solamente procede de su persona, pero en todo sentido Él es el pan de vida, el pan celestial.

Esta es la primera de siete afirmaciones del “yo soy’ que da a entender la divinidad de la persona de Jesucristo. Es solo a través de Jesús que alguien puede tener y sostener la vida espiritual.

Jesús es el pan que sacia el alma y es el agua que satisface la sed del mundo. Pero es imprescindible que uno se acerque a Jesús y que le cree también. No quiere decir que jamás volveremos a necesitar de Jesús una vez que hayamos gustado de su persona. El pan y el agua es una alimentación diaria.

III. La voluntad de Dios. Vs. 36-40

A. El ver no asegura el creer. V. 36  Dios desea “que todos los hombres sean salvos y vengan al conocimiento de la verdad” (1 Timoteo 2:4). Pero la gente hoy día quiere que Jesucristo satisfaga sus deseos terrenales. Por esta razón Jesús concluye que habiéndolo visto con sus ojos, no entendieron Sus propósitos. Ellos no llegaron a creerle aún después de las evidencias experimentadas de primera mano por todos ellos.

B. El Padre asegura la salvación de todos los que vienen a Jesús. V. 37  Hay un problema que no es posible reconciliar en este versículo. Los pecadores nunca ven la necesidad de venir a Cristo si el Padre no les dé a Jesucristo. Este problema entre la elección y la voluntad humana no es explicable, pero son dos verdades enseñadas en la Biblia y hay que aceptar a los dos.

C. Hay unidad de propósito en la deidad. V. 38  Es la sexta vez en este pasaje que Jesús ha dicho que descendió del cielo. Ahora agrega que su propósito no es hacer su voluntad sino la voluntad de su Padre celestial. Más adelante los judíos le van a acusar de ser el hijo de un pobre carpintero.

El gozo del hijo se cumple en hacer la voluntad de su Padre y su misión es la salvación de pecadores.

III. La voluntad de Dios es la salvación de los que creen en el Hijo. Vs. 39-40  La salvación que Jesús ofrece es algo definido. No solo los guarda de la muerte, porque los va a buscar en el día final y resucitarles para vida eterna. Es necesario “contemplar” o “mirar” la persona de Jesús para poder depositar nuestra fe en Él.

Pecados Respetables: La Desaparición del Pecado

pecados respectables

En un libro escrito en el año 1973 llamado Whatever Became of Sin? (¿Qué Sucedió con el Pecado?), el autor Karl Menninger escribió: “La palabra ‘pecado’, que parece haber desaparecido de nuestro vocabulario, fue un término orgullosos, muy fuerte, siniestro y grave… Pero la palabra se ha ido. Casi ha desaparecido por completo; tanto ella como lo que evoca. ¿Por qué? ¿Será que nadie peca? ¿O será que ya nadie cree en el pecado?” El autor Peter Barnes escribió lo siguiente en un artículo titulado, “What! Me? A Sinner?” (“¡Cómo! ¿Yo? ¿Un Pecador?”): En la Inglaterra del siglo veinte, C. S. Lewis escribió: ‘El obstáculo que más encuentro es el total desconocimiento que tienen acerca del pecado quienes me escuchan; no tienen la más mínima noción de lo que este significa.’ Y en el año 2001, el erudito en el Nuevo Testamento D. A. Carson comentó que el aspecto más frustrante de evangelizar dentro de las universidades es que los alumnos no tienen idea de lo que es el pecado, ‘Saben muy bien cómo cometerlo, pero no entienden lo que significa.’” Estas citas sólo confirman lo que es muy claro a la vista de los observadores: El pecado y todo lo que representa, literalmente ha desaparecido de nuestra cultura.

Lamentablemente, la idea del pecado también ha desaparecido de muchas iglesias. De hecho, hemos dejado de usar en nuestro vocabulario las palabras bíblicas fuertes acerca del pecado. La gente ya no comete adulterio, ahora tiene una aventura. Los ejecutivos de las compañías no roban, sólo cometen fraudes. En nuestras iglesias conservadoras, en muchos casos la idea del pecado se aplica sólo a aquellos que cometen pecados tan flagrantes como el aborto, la homosexualidad y el homicidio, o los crímenes escandalosos de los ejecutivos de empresas. Es muy fácil condenar a quienes cometen esos pecados tan obvios y al mismo tiempo ignorar nuestros propios pecados de chisme, orgullo, envidia, amargura y lujuria.

Es común observar que estamos más preocupados

por el pecado de la sociedad

que por el que cometemos los santos.

De hecho, con frecuencia nos permitimos cometer lo que llamo pecados “respetables” o “aceptables sin ningún remordimiento. Es muy fácil salirnos por la tangente diciendo que estos últimos pecados no son tan malos como los más vergonzosos de nuestra sociedad. Pero Dios no nos ha dado autoridad para establecer distinciones entre los pecados (Santiago 2:10).

Acepto que algunos pecados son más graves que otros. Según nosotros, es preferible que nos culpen de haber mirado a una mujer con lujuria, a que nos acusen de adulterio (Mateo 5:27-28). Creemos que es preferible enojarnos con alguien que matarlo. Pero el Señor dijo que el que asesina o se enoja con su hermano es igualmente culpable de juicio (Mateo 5:21-22). Según nuestros valores humanos con sus leyes civiles, consideramos que hay una gran diferencia entre un “ciudadano que cumple la ley” y que ocasionalmente recibe una multa de tránsito, con alguien que vive una vida “sin ley”, en desacato y abierta rebeldía a todas las leyes. Pero la Biblia no hace tal diferencia entre personas. Más bien, simplemente dice que el pecado, sin excepción, es infracción de la ley (1 Juan 3:4).

En la cultura griega, la palabra pecado significaba originalmente “errar al blanco”, es decir no atinarle al centro del blanco. Hay algo de verdad en esa idea en la actualidad. Sin embargo, en muchas ocasiones nuestros pecados no se deben a nuestro fracaso por lograr algo [el blanco], sino a la ambición interna de satisfacer nuestros deseos (Santiago 1:14). Decimos un chisme o codiciamos porque el placer momentáneo es mayor que nuestro deseo de agradar a Dios.

El pecado es pecado. Aun los que toleramos en nuestra vida. Todos son graves delante de los ojos de Dios. Nuestro orgullo religioso, la crítica, el vocabulario agresivo contra los demás, la impaciencia y el enojo; aún nuestra ansiedad (Filipenses 4:6). Todos estos son pecados graves delante del Señor.  Solo la obediencia perfecta cumple el elevado estándar de la ley (Gálatas 3:10). Cristo fue hecho maldición por nosotros para redimirnos de la maldición de la ley (Gálatas 3:13). Aún así, el hecho persiste: consentimos pecados en nuestra vida que parecen insignificantes pero que merecen la maldición de Dios.

Si esta observación parece muy ruda y punzante para aplicarla a todos los creyentes, permítame responder con rapidez diciendo que hay muchas personas piadosas y humildes que son las honrosas excepciones a esta regla. De hecho, la paradoja es que esas personas cuyas vidas reflejan mejor el fruto del Espíritu son las más sensibles y gimen internamente por los pecados “aceptables” que cometen. Pero también hay una gran multitud que está pronto para juzgar el pecado flagrante de la sociedad y que, sin embargo, permanece orgullosamente insensible a sus propios pecados. Y muchos de nosotros vivimos entre los unos y los otros. El punto principal es que todos nuestros pecados, son reprensibles a la vista de Dios y merecen castigo.

Una Comida Que Perdure (Juan 6:22-29)

Jesus multitudesJuan 6:22-29

22 El día siguiente, la gente que estaba al otro lado del mar vio que no había habido allí más que una sola barca, y que Jesús no había entrado en ella con sus discípulos, sino que éstos se habían ido solos.

23 Pero otras barcas habían arribado de Tiberias junto al lugar donde habían comido el pan después de haber dado gracias el Señor.

24 Cuando vio, pues, la gente que Jesús no estaba allí, ni sus discípulos, entraron en las barcas y fueron a Capernaum, buscando a Jesús.

25 Y hallándole al otro lado del mar, le dijeron: Rabí, ¿cuándo llegaste acá?

26 Respondió Jesús y les dijo: De cierto, de cierto os digo que me buscáis, no porque habéis visto las señales, sino porque comisteis el pan y os saciasteis.

27 Trabajad, no por la comida que perece, sino por la comida que a vida eterna permanece, la cual el Hijo del Hombre os dará; porque a éste señaló Dios el Padre.

28 Entonces le dijeron: ¿Qué debemos hacer para poner en práctica las obras de Dios?

29 Respondió Jesús y les dijo: Esta es la obra de Dios, que creáis en el que él ha enviado.

Predica de Pastor Jaime Greenwood, 2 de junio, 2013

I. Es frustrante buscar a Jesús solo para intentar saciarse físicamente. Vs. 22-24

El día siguiente la gente empieza su búsqueda de la persona que les había saciado con pan.

A. La gente no halló a Jesús en el lugar esperado. V. 22  Es bastante frustrante buscar a la persona que quiere hacer rey y no hallarlo. Es aún más difícil buscar el proveedor de la próxima comida cuando no tienen la más mínima idea en dónde encontrarlo. Esa gente está perpleja porque no puede razonar cómo Jesús pudiera haber salido sin su saberlo.

Para las personas que se interesan en las verdades de Dios para saciar sus propios deseos engañosos es lo mismo. Están dispuestas a seguir a uno que les ofrece una panza llena, pero cuando esta misma persona no cumple con sus expectativas llegan a ser más que un poco preocupadas por no saber cómo Él es.

¿Estás siempre buscando que Jesús este en el lugar que vos planteas? El lugar de nuestras expectativas limitaría demasiado a nuestro Salvador. ¿Puede ser que estás más que un poco preocupado por no saber cual sea la voluntad de Dios en tu vida? Es cuando nosotros le buscamos de verdad que lo encontramos. Deut. 4:29-30

B. La gente se suma al grupo en búsqueda de Él que provee comida gratis. V. 23 Está ciega a la realidad de que Jesús es el Señor. Las señales no se reconocen por lo que son, señales de la deidad de Jesús. Para todos ellos, lo que Jesús hizo con el pan era algún truco que a ellos les caía bien. Pero su bienhechor ya se fue sin despedirse legítimamente.

Cuando alguien, que profesa ser cristiano, solamente lo demuestra ser cuando las cosas van rumbo bien y rehúsa tener parte en el trabajo arduo del discípulo de Jesús, se muestra ser lo que realmente es, alguien en búsqueda de pan no duradero.

¿Vos sos un cristiano, o más bien, alguien en búsqueda de aprovechar recibir algo del Señor?

C. La gente empieza su búsqueda en el lugar donde Jesús está habitualmente. V. 24  Porque Jesús no está y sus discípulos ya se fueron en barca, la gente llega a la conclusión de que Jesús debe estar en la ciudad de Capernaum sin saber cómo llegó a estar allí. Es el lugar más obvio desde su perspectiva. No se sabe si de alguna manera llegó a entrar en la barquilla sin su saber, pero no va a estar contenta hasta hallar a su “rey” y panadero.

Muchos son las personas en búsqueda de un Jesús que les ofrece una vida más fácil de vivir, pero como en este caso, no reconocen que Jesús quiere darles algo tanto mejor.

Es siempre recomendable intentar hallar a Jesús en el lugar donde Él está habitualmente. En Hechos 17:27 tenemos la promesa que “no está lejos de cada uno de nosotros.”

II. Es recomendable buscar de Jesús alimento que permanece. Vs. 25-27

A. Las señales de Jesús nos muestran que su provisión puede perdurar. Vs. 25-26  La pregunta de la multitud es ¿Cuánto tiempo llevas aquí? Es seguro que su pregunta apunta a su inhabilidad de racionalizar la llegada de Jesús a Capernaum con sus expectativas de Su persona. Pero Jesús ignora la pregunta (como ya hizo con Nicodemo, 3:1-3) y responde con autoridad sobre su situación. Su acusación es que no pudieron ver la señal detrás del milagro. “En vez de ver en aquel pan una señal, lo único que vieron del señal fue el pan” (Lange citado en Morris, Leon El Evangelio Según Juan Vol. I, p. 407).

Lo que Jesús quiso hacer es que las señales demuestran que es digno mostrar fe en Su persona y buscarlo para encontrar la provisión de sus necesidades espirituales.

B. La comida que Jesús da resulta en vida eterna. V.27  La gente no pudo captar la idea de que la vida eterna era algo mucho mejor para su bienestar que simplemente saciarse cada día con pan provisto por Dios. Ellos quisieron dejar de trabajar tan arduamente para la provisión de sus necesidades. Jesús dice que hay que trabajar para lograr las cosas duraderas en la vida porque esto recibe el sellado de Dios Padre. Es vida que Jesús ofrece la vida eterna y lograrlo no es un trabajo difícil. Mt. 11:30  

III. Es imprescindible creer en Jesús el Hijo de Dios. Vs. 28-29  

A. La salvación no se consigue por el esfuerzo humano. V. 28  La obvia pregunta después de la aseveración de Jesús acerca de la necesidad de trabajar para lograr la vida eterna es ¿Cuáles obras debemos hacer?

Esta es una pregunta que muestra otra vez la vagancia en el hombre natural. Dios se había revelado en el Antiguo Testamento todos los requisitos para la vida de los judíos pero esta multitud pregunta ¿Cuáles obras de Dios debemos practicar? Es como decir, “hay tantas demandas, ¿Cuáles son las más importantes?”

La pregunta no es mala si es sincera. Pero Jesús ya demostró que la motivación de la multitud es egoísta y esta pregunta solamente sirve para afirmar esta conclusión.

B. La fe es la única obra que Dios acepta. V. 29  Creer en el Hijo de Dios, que es enviado por Dios, que resulta estar delante de esta multitud es la única obra salvadora que uno necesita para recibir la vida eterna. Dios no busca que “amontonemos méritos” para lograr la vida eterna, sino que estemos dispuestos ejercitar un poco de fe en la persona de Jesucristo.