Juan 1:19-28
19 Este es el testimonio de Juan, cuando los judíos enviaron de Jerusalén sacerdotes y levitas para que le preguntasen: ¿Tú, quién eres?
20 Confesó, y no negó, sino confesó: Yo no soy el Cristo.
21 Y le preguntaron: ¿Qué pues? ¿Eres tú Elías? Dijo: No soy. ¿Eres tú el profeta? Y respondió: No.
22 Le dijeron: ¿Pues quién eres? para que demos respuesta a los que nos enviaron. ¿Qué dices de ti mismo?
23 Dijo: Yo soy la voz de uno que clama en el desierto: Enderezad el camino del Señor, como dijo el profeta Isaías.
24 Y los que habían sido enviados eran de los fariseos.
25 Y le preguntaron, y le dijeron: ¿Por qué, pues, bautizas, si tú no eres el Cristo, ni Elías, ni el profeta?
26 Juan les respondió diciendo: Yo bautizo con agua; mas en medio de vosotros está uno a quien vosotros no conocéis.
27 Este es el que viene después de mí, el que es antes de mí, del cual yo no soy digno de desatar la correa del calzado.
28 Estas cosas sucedieron en Betábara, al otro lado del Jordán, donde Juan estaba bautizando.
Predica de Pastor Jaime Greenwood, 21 de octubre, 2012
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I. Los cristianos representamos a nuestro Cristo. Vs. 19-21 Viene una representación oficial de sacerdotes y levitas para interrogarle a Juan el Bautista. En vez de ser un estorbo a su ministerio en el desierto, Juan va a aprovechar de esta oportunidad única de representar a su Cristo.
A. El testimonio de un cristiano fiel producirá investigaciones. V. 19 La expresión “los judíos” se describe a la hostilidad de los líderes religiosos hacia Jesús. El ministerio de Juan el Bautista produjo interés en el pueblo y perturbación entre los líderes religiosos tanto que mandaron unos investigadores a preguntarle a Juan quien era. La pregunta es tonta porque ya saben que es el hijo de un levita sacerdote. Pero quieren saber si se llama a sí mismo el Mesías prometido. Nuestro testimonio debe producir como resultado los que investigan nuestras afirmaciones.
B. Los cristianos no somos igual a nuestro Mesías. V. 20 La construcción en el griego nos da la sensación de que Juan el Bautista negó al máximo que él era el Cristo. Usa el pronombre enfático “yo” para rechazar la idea. La palabra Cristo quiere decir el Mesías en Hebreo, cosa que significa el ungido. A pesar de que representamos a Cristo y el mundo nos llama cristianos, o literalmente “pequeños cristos”, no significa que tenemos el derecho de usurpar el lugar de nuestro Salvador (Juan 3:28-30).
C. El cristiano tiene que combatir los conceptos equivocadas de su Mesías. V. 21 La pregunta anterior nos indica que “cada uno tenía una idea preconcebida del Mesías” (Abbot, Peabody y Lightfoot The Fourth Gospel p. 152). Ahora persisten en su cuestionamiento y van a la segunda opción que, en sus mentes, es el precursor al Mesías y este es el personaje Elías (Mal. 4:5). “Se creía que quería decir que Elías precedería al Mesías” (Leon Morris El Evangelio Según Juan I p. 170). Ahora, Jesús afirma en Juan 11:14 de que Juan es Elías. Pero no es el personaje que se habían visto en el monte de la transfiguración sino tiene el espíritu de Elías (Lucas1:17; Mateo 11:14). El profeta es una referencia a Deut. 18:15-18 pero esta es una referencia a Jesús mismo (Hechos 3:22-23; 7:37). Juan responde en forma cortante porque “lo que Juan piense de sí mismo no tiene importancia” (Morris p. 171). Sus ideas equivocadas no tienen nada que ver con la realidad. Damos testimonio de Aquel verdadero Mesías.
II. Los cristianos testificamos bajo la autoridad de nuestro llamado. Vs. 22-23 Los religiosos buscaban una respuesta al fenómeno que era Juan.
A. Los líderes religiosos cuestionan la autoridad de los cristianos de proclamar. V. 22 No buscaban una respuesta a por qué bautizaba sino bajo qué autoridad lo hizo. No les interesaban los resultados de que el pueblo se arrepentía sino cómo fue que ellos no fueron involucrados y consultados para llevar a cabo este ministerio.
B. El verdadero cristiano proclama la necesidad de arrepentimiento. V. 23 La respuesta de Juan incluye las palabras de Isaías 40:3 para describirse a sí mismo. Él es “la voz de uno que clama” mientras el Mesías es “El Verbo.” “Enderezad camino a nuestro Dios” “es un llamamiento a estar preparados, porque la venida del Mesías se acerca. El símbolo que se usa es el de preparar un camino despejándolo de todos los posibles obstáculos (Morris p.173). Todos deben prepararse para la venida del Señor y “la voz” lo proclamaba fuertemente. Nosotros también proclamamos el mensaje de arrepentimiento y fe en Jesucristo el Mesías.
III. Los cristianos nos vemos obligados exponer a la vista a Cristo. Vs. 24-28 Juan ahora se apunta en declarar al Mesías como alguien ya entre el pueblo y así exponerlo.
A. Aún cuando solo somos representantes imperfectos de nuestro Salvador. V. 24-25 Ahora los más religiosos de entre el pueblo judío vuelven a cuestionar la autoridad de Juan de bautizar. El bautismo era una costumbre entre los judíos que se usaba para incorporar a un prosélito gentil en el pueblo judío como símbolo de su purificación de la contaminación del mundo. Pero Juan insiste que los judíos mismos precisan estar lavados y purificados ya siendo el pueblo de Dios.
B. Declaramos que está cerca de cada uno de nosotros el Salvador. V. 26

C. Damos honor al que realmente es digno de ser reconocido como el Salvador. V. 27
D. Nuestro testimonio se escucha mejor lo más lejos nos encontramos de la sociedad. V. 28 Estamos en el mundo (Juan 17:11) pero no somos del mundo (Juan 17:16).


Desafortunadamente los conflictos entre la gente es algo muy común hoy en día. Vemos a cristianos morderse y consumirse unos a otros en el hogar y en la iglesia cuando luchan y riñen continuamente. En muchas familias, aún las cristianas, la discordia es algo normal. ¿Qué de vos y tu familia? ¿Batallás algunas veces con otros miembros de tu familia? ¿Has contendido con tu patrón, tus compañeros de trabajo, tus vecinos, tus compañeros en la iglesia? Estoy seguro de que no hay nadie que nunca haya tenido un conflicto con alguien. Algunos tienen más que otros. Si somos honestos admitiremos que sí hemos tenidos conflictos con otros, incluso con los miembros de nuestra familia.
La comunicación es una calle de dos direcciones que requiere que ambos manden y reciban mensajes. El que escucha es tan importante como el que habla. No podemos sobrestimar la importancia de un buen oyente. Dios es nuestro ejemplo. La Escritura dice de Dios el Padre, “Porque los ojos del Señor están sobre los justos, Y sus oídos atentos a sus oraciones…; Entonces los que temían a Jehová hablaron cada uno a su compañero; y Jehová escuchó y oyó…, He aquí que no se ha acortado la mano de Jehová para salvar, ni se ha agravado su oído para oír;” (1 Ped. 3:12; Mal. 3:16, Is. 59:1). Dios no necesita escucharnos para sacar información o entendernos. Ya lo sabe todo. Con todo, nos escucha pacientemente. Pablo nos exhorta a ser imitadores de Dios (Ef. 5:1). Si el escuchar es importante para Dios, también debe ser importante para nosotros, como sus hijos. ¿Qué implica ser un buen escuchador? Prov. 2:2 nos estimula a usar nuestros oídos y corazón cuando escuchamos. La oreja representa el hombre 




Este tierno mensaje de preocupaciòn por los perdidos en pecado ha significado el rescate de millares de almas durante màs de un siglo. Llama: «Diles la historia del buen Salvador.» Hay urgencia:

El padre de George Washington murió cuando él tenía sólo once años, y durante un tiempo el joven Washington tenía su corazón puesto en unirse a la armada británica. Sin embargo, su madre tenía una preocupación seria acerca de ese camino y, finalmente, le insistió encarecidamente a reconsiderar. Escuchó a la voz de su madre, y en lugar de convertirse en el capitán de un barco, se convirtió en comandante de todas las fuerzas militares de los Estados Unidos de América.